Daddy Yankee: Alma del Barrio

Cómo Daddy Yankee convirtió un movimiento urbano en fenómeno global.

PALABRAS By Leila Cobo
octubre 2017
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Fotos: Giován Cordero 

(Este artículo fue reportado y publicado antes del huracán Maria, que ha devastado a Puerto Rico. Desde entonces, Daddy Yankee ha organizado esfuerzos para recaudar fondos y necesidades para la isla y también ha donado $1 millón de su propio dinero para la reconstrucción de Puerto Rico.)

El hombre que el mundo conoce como Daddy Yankee llega al icónico San Juan Hotel, a media hora del centro de la ciudad, conduciendo su propio auto, una camioneta negra. 

El empleado del parqueo se sorprende visiblemente al abrir la puerta y verlo, y rápidamente mira a su alrededor, como para asegurarse que, efectivamente, el hombre más escuchado del mundo, está frente suyo, sin ningún séquito o elemento de seguridad a su alrededor, entregándole las llaves de su auto. 

“Gracias hermano”, le dice Yankee, accediendo a tomarse un selfie que en cuestión de minutos se convierte en dos, en 10, en 15 a medida que entra al lobby y es reconocido por empleados y turistas. 

En Junio, Spotify declaró a Daddy Yankee el “artista más escuchado del planeta” ese mes. En Julio, “Despacito,” que Yankee canta junto a su compatriota Luis Fonsi y al que luego se sumó Justin Bieber, se convirtió en el tema más escuchado de todos lo tiempos por Spotify (4.600 millones de escuchas en ese momento). En agosto, el video de la canción, filmado enteramente en Puerto Rico, batió el récord como el más visto de todos los tiempos en YouTube, superando las 3.000 millones de visitas. 

El suceso de “Despacito” se le suma al suceso Yankee, quien gracias a su éxito “Gasolina” en 2004, estableció al reggaetón como un género global, y quien desde entonces no ha dejado de grabar hit tras hit con asombrosa frecuencia, siempre conservando la esencia de su isla. Otros artistas puertorriqueños han sentado raíces en Miami, en Los Ángeles, en Nueva York. Él no. 

“Tengo propiedades en Estados Unidos, pero mi base principal siempre es Puerto Rico. Vivo en Puerto Rico. Mis hijos estudian aquí”. 

Estamos hablando en una suite del Hotel San Juan, con una vista extensa de la playa y el mar, y al fondo, la fortaleza de El Morro. He entrevistado a Yankee docenas de veces, pero nunca en su Puerto Rico, y se ve más relajado, vestido de pantalón negro deportivo y camiseta negra, con su reloj como único bling. Lejos del mundanal ruido,  luce una década menor que sus 40 años. 

 “Puerto Rico, mi casa, es donde han salido los mejores músicos, y he comprendido que si salgo de Puerto Rico la inspiración no fluye”, me dice. “Siempre tengo que regresar a Puerto Rico. Es como cuando Superman va entre las nubes y llega al sol. Dice ‘wow’, necesito la energía del sol para volverme Superman”. 

EL SUEÑO TRUNCADO

La historia de Daddy Yankee comienza como Raymond Ayala, quien desde que tuvo uso de razón, quiso ser beisbolista profesional. Sus primeros recuerdos son de jugar pelota temprano en la mañana en el parque de Las Lomas, un barrio de clase trabajadora de San Juan, con su bate y su guante, respirando el olor de sereno y ciudad. Tenía tres años y medio pero su padre ya lo había inscrito en la liga “Pampers”, para los más pequeños, porque la pelota lo volvía loco. 

“Ser beisbolista profesional lo tenía muy realizado en mi mente”, comenta. “El béisbol era religión. A lo menos, esperaba una beca colegial”. 

El sueño terminó abruptamente cuando le pegaron un tiro que destrozo su fémur derecho, una lesión que todavía hoy, con un fémur de metal, le afecta al caminar.  Ayala tenía 17 años, todavía estudiaba en la escuela, y estaba a punto de convertirse en padre (de Yamilette, su hija mayor). 

“Se me acabó la vida en ese momento”, recuerda. “Yo necesitaba una entrada. Dije: ‘¿Qué tengo?’ Tenía la música. Mi pasatiempo se volvió mi profesión”. 

Así como el béisbol estaba en primer plano para Ayala, la música siempre fue su telón de fondo. De niño, los profesores citaban a su madre y le decían que su hijo no paraba de cantar, ni siquiera durante sus exámenes. 

Desde los 15 años, ya aparecía en los mixtapes de DJ Playero, uno de los pioneros del género, y en 2002, Ayala sacó su primer álbum, El Cangri.com, bajo el nombre artístico Daddy Yankee.  “Yankee”, en jerga local, se usa para denominar algo grande y fuerte, y así se presentó al mundo: como el jefe de jefes. 

Era el momento de ebullición para el reggaetón, un género de calle que de pronto empezó a encontrar aceptación. Yankee sacó otro álbum, Los Homerunes en 2003, y escaló al puesto No. 3 en el chart de ventas de Billboard. En 2004, metió todo su dinero en Barrio Fino, el álbum que incluía a “Gasolina”. Llegó al número 1 de Billboard, y el reggaetón empezó a sonar de Japón a Nueva York. 

“Yankee me influyó 100%”, dice J Balvin, parte de una generación entera de artistas que citan a Yankee como uno de sus grandes motores. “Demostró que era posible tener un hit global y hacer el crossover con esta música”. 

“Recuerdo que usó una gorra de béisbol en el video de ‘Gasolina’ y todos empezamos a vestirnos así”, dice el reggaetonero puertorriqueño Farruko. “Yankee fue un caballero conmigo. Cuando empecé, me abrió las puertas de su estudio, me prestó sus productores; fue como mi padrino”. 

Yankee afirma que sabía que “Gasolina” funcionaría. “Yo estaba seguro que era jonrón”, dice. “No solo la canción; el movimiento. Barrio Fino le dio glamur al barrio, y todos los chamacos empezaron a decir, ‘Si Yankee puede,
yo también’”. 

UN GRAMMY PARA SU ESPOSA

Hoy, Yankee mantiene firmes sus lazos con el barrio. Aunque tiene un nuevo estudio de grabación, conserva su apartamento y estudio original en Villa Kennedy, el conjunto residencial público donde vivía, y donde grabó Barrio Fino.

 “No lo piensa vender ni alquilar. Dice que ese es su recuerdo”, explica su esposa Mireddys, a quien también conoció en Villa Kennedy. Llevan casados 23 años y tienen dos hijos: Jessaelys de 21 y Jeremy de 19 .

“Nosotros somos un equipo en todo”, dice Mireddys, quien es presidenta de El Cartel, la compañía y sello de Yankee.  “Ni él está por encima de mí ni yo por encima de él”. 

Cuando le pregunto a Yankee por Mireddys se le suaviza la mirada. “Hay que darle un Grammy”, dice, sin ironía. “Una vez que te vuelves estrella, es muy difícil encontrar una mujer real. Pero yo la conocí antes de ser Daddy Yankee. Ella ama a Raymond Ayala, no a Daddy Yankee”. 

Con Mireddys y sus hijos, Yankee ha construido su propio paraíso en Puerto Rico. Además de su casa, mantiene un rancho en Luquillo donde tiene caballos de paso fino, una de sus grandes pasiones. La otra es el mar y su bote, y no es raro que pase los fines de semana solo con Mireddys en medio del océano. 

Pero incluso en sus momentos de mayor relajación, su cabeza está en la música, quizás ahora más que nunca. 

“Despacito”, dice, “ha abierto las puertas para un gran cambio en la música. Ahora nosotros como artistas que cantamos en español podemos capitalizar más oportunidades. Yo no estoy tratando de hacer lo que todo el mundo hace. Me he mantenido firme en mi carril, firme en mi sonido y el mundo ha respondido”. 


 

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