Cruzando los Andes a caballo

Una Aventura entre dos paises.

PALABRAS Por Claudia Avila-Batchelor
diciembre 2017
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Viajar es la mejor cura para cuando estamos perdidos. Explorar, atrevernos a sentir y hacer cosas que nunca hemos hecho mientras intentamos seguir adelante.  Creo que a todos nos llega ese sentimiento, el que a veces nos sacude de hombros y nos grita: “¿Qué estás haciendo con tu vida?”.

A principio del año me encontraba “entre”… Entre trabajos, países, corazón roto y opciones de futuro. Una amiga me convenció de que lo mejor era cruzar la imponente cordillera de los Andes “entre” Chile y Argentina en una especie de road trip a caballo.

Serían 150 km en seis días. Comenzando en Puerto Varas, Chile y terminando en Bariloche, Argentina, nuestro viaje épico nos llevaría a través del valle Ventisqueros, cruzando el río Puelo y el lago Las Rocas, por una ruta segura y poco transitada. El valle está localizado casi en la mitad de la frontera entre los dos países, y su red de caminos secretos pasa por una magnífica topografía que incluye más valles, lagos y glaciares. Cathy Berard, de Open Travel (opentravel.cl), se ha puesto como misión redescubrir estos caminos y abrirlos como rutas turísticas.

Solo un pequeño inconveniente. Le tengo un miedo paralizante a los caballos. Pero mi amiga fue criada en el mundo de los equinos. Eso me dio valor.

Santiago de Chile 

Llegamos civilizadamente a la capital de Chile, donde exploramos todo lo epicúreo en el barrio Bellavista. Allí disfrutamos un fabuloso menú de degustación en el restaurante Peumayen Ancestral Food, donde seleccionan productos endémicos de todo el país. En el Mercado Central, probamos delicias típicas chilenas, y no pudo faltar una visita a la casa de Pablo Neruda, La Chascona Casa Museo. Satisfechas, tomamos el corto vuelo hacia el sur, a Puerto Montt, en la bella región de los lagos, donde nuestra aventura empezaría.

Día 1: Rio Puelo – Las Rosas

Este fue el día crucial, pues tenía que afrontar a mi némesis equino. El Río Puelo nace en el lago del mismo nombre, en la parte oriental de la frontera donde sería nuestro paso final hasta Argentina. Desemboca en el océano Pacífico, y nuestro viaje atravesaría casi toda su longitud de 120 km. Para llegar, conducimos tres horas en auto, deslumbradas ante las vistas de los enormes volcanes Osorno, Calbuco y Tronador, que silenciosamente marcaban nuestro camino. Para la etapa final, cruzamos el río Puelo en la parte de Puerto Urrutia en un barquito casi de juguete; a nuestro lado los caballos de carga nadaban elegantemente, como si estuvieran de visita en un spa. En la otra orilla, me encontré con mi caballito, una yegua tierna y sensible llamada Copita. Tímidamente, me monté y me sostuve tan fuertemente como pude.

“¡Relájate Claudia! Solo iremos al paso hasta que tu y Copita se conozcan”. El tono suave de Cathy calmó mis nervios y echamos a andar. La mezcla de colores intensos, las majestuosas montañas y el poderoso río se apoderaron de mis sentidos.

Llovió, y bajo un arcoíris mágico, cabalgamos lentamente por dos horas a lo largo del río hasta nuestra primera granja local, Las Rosas, donde sus propietarios, unos amables campesinos, nos dieron la bienvenida. Pasamos nuestra primera noche compartiendo un caldo casero delicioso, y dormimos profundamente en camas de madera talladas por artesanos locales.

Día 2: Valle Ventisqueros

Seguimos la cabalgata hacia el sur, escondidas entre gigantes montañas que cambiaban de color con la luz. Por su prominente posición entre Chile y Argentina, a un poco más de 900 km al sur de la capital chilena, el valle era antiguamente una de las más importantes rutas de comercio. Ahora es un destino popular con turistas y aficionados de alpinismo, aunque nos encontramos con poca gente en nuestro paso.

Cruzamos el fluyente río Ventisqueros y subimos 500 m hasta el final del valle, para pasar la noche frente a un glaciar en el rancho de Bernadita, otra generosa campesina.

Día 3: El Glaciar

Una pequeña excursión para explorar el glaciar incluía almuerzo con suculenta carne al lado del río El Toro. La cabalgata fue mucho más técnica y por caminos más difíciles y estrechos, lo que me sirvió para demostrar mi nueva adquirida confianza como gaucha o vaquera (“arriera”, le dicen en Chile). Después de cuatro horas de paseo regresamos al rancho de Bernadita, para nadar en las aguas refrescantes del río Ventisqueros.

Días 4 y 5: Isla Bandurrias – Paso Del Bolsón

Seguimos con la bendición de un amanecer incomparable. En las siete horas que duramos del camino aún más sureño y oriental, pasamos por caídas inmensas, inspiradoras tierras fértiles de cultivo y playas secretas. Después de la maravilla que es cabalgar en zig-zag por el río, llegamos a el santuario de la Isla Bandurrias, enclavada en las cristalinas aguas del lago Las Rocas, protegida por las interminables montañas de los dos países más sureños del continente americano. Toda la isla está pensada para el relajamiento, la reflexión y el disfrute de las bellas artes. La casa privada y casa de huéspedes son grandes obras de creatividad con una exquisita colección de cuadros y libros muy raros.

Para despegarnos de este Edén, cabalgamos hacia el retén de Paso del Bolsón, la última frontera de Chile y uno de los puntos más sureños de La Patagonia. El cruce final fue en lancha, a través de emocionantes rápidos hasta llegar a la frontera de Lago Puelo, en Argentina.

Buenos Aires 

De la frontera seguimos dos horas en auto hasta Bariloche, y un corto vuelo interno nos dejó en la capital de Argentina, donde, con nuestra nueva confianza equina, aprendimos a jugar polo en la estancia Puesto Viejo. La civilización se sintió extraña después de seis días de desconexión total. Mis muslos estaban deliciosamente cansados y las manos agrietadas de tanto apretar las riendas. Pero mi sensación de “entre” había desaparecido. Ahora, ya sabía que era capaz de cualquier cosa: hasta cruzar los Andes a caballo.

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