John Leguizamo

Reescribe la Historia Latina … muerto de la risa

PALABRAS Por Leila Cobo
enero 2018
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Photos Chris Sorensen

En una de las escenas iniciales de Latin History For Morons (Historia Latina para idiotas), el actor Jonathan “John” Alberto Leguizamo (53) evocando su niñez con voz de muchachito cansón, pregunta a su maestra de Historia: “¡Profe, profe! Quiero preguntarle, ¿por qué nunca habla nada de la historia de nuestra gente? ¿Es que no contribuimos nada al mundo?”.

El tono es cómico, pero la intención es seria. Y por 90 minutos, Leguizamo —quien ha dejado su marca en docenas de películas (Chef, Collateral Damage, Ice Age, entre otras), televisión y teatro— procede a “educarnos” sobre la verdadera historia de los latinos en el mundo, haciéndonos morir de la risa en el proceso.

“Siempre es comedia, pero siempre tiene mucha realidad”, me dice Leguizamo mientras almorzamos en el hotel Cachet Boutique de Nueva York, cerca al teatro Studio 54 en Broadway, donde presentará su monólogo o one man show hasta final de febrero. Viste sudadera y gorra deportiva, un atuendo sin ínfulas para un actor reconocido mundialmente que rehúye a la pretensión.

En persona, Leguizamo tiene la misma cara expresiva y demuestra una inteligencia mordaz y aguda, más analítico que cómico a la hora de conversar. Habla abiertamente de su presente feliz y su pasado familiar turbulento, cuando sus padres, ambos colombianos (aunque su abuelo paterno es puertorriqueño) se divorciaron. “Mi vida mejoró un montón”, dice. Hoy, lleva años sin hablarle a su padre (Alberto), y su madre (Luz) es su contadora y administra sus negocios.

Esas relaciones –con sus padres, sus amigos, su esposa Justine Maurer (llevan casados 14 años) y su hija Allegra (18 años) y su hijo Lucas (17)– le proporcionan mucho de su material cómico.

De hecho, la inspiración detrás de Latin History fue la experiencia personal de su hijo, quien fue víctima de bullying por ser latino en su elegante colegio privado de Nueva York. En la obra, Leguizamo lo representa como un pequeño nerd sensible en busca de un héroe para su proyecto escolar. Leguizamo, su padre preocupado, trata de ayudar, pero no hace sino embarrarla cada vez más. “Tienes que poder reírte de ti mismo”, me dice. “Es una medicina para sobrevivir la vida. Si no te ríes de ti mismo, no sobrevives nada. Si te tomas muy en serio te secas, te quiebras y mueres”.



DE GÁNSTER A TRAVESTI

Leguizamo se define a sí mismo como actor/ escritor/ dramaturgo/ director/ productor. El mundo lo conoce primordialmente como actor de cine, pues su catálogo de películas es vasto, empezando con Casualties of War, en 1989. Y, a diferencia de tantos actores latinos que tienden a ser estereotipados en sus papeles, esgrime una variedad asombrosa: ha hecho de bueno, de malo, de gánster, de travesti y hasta del pintor Toulouse-Lautrec en Moulin Rouge.

Pero cuando Leguizamo se para en el escenario en uno de sus ya famosos monólogos (lleva seis, empezando con Mambo Mouth en 1991), la línea entre el hombre y el personaje se desdibuja. “A partir de Mambo Mouth –dice– las cosas cambiaron totalmente para mí”.

En ese escenario es el muchachito nacido en Bogotá, Colombia, pero criado con muy poco en un área pobre de Jackson Heights en Queens, adonde llegó con cuatro años; es el rebelde de 14 años con problemas de actitud y disciplina que su familia envió de regreso a su país natal para “salvarlo” del ambiente nocivo que lo rodeaba. También es el activista latino que cuestiona su lugar en la sociedad estadounidense.

“El monólogo es lo más auténtico que puede ser un artista con su auditorio”, comenta. “Estás desnudo y sin filtros. Mis pensamientos, mi política, mis miedos, mis sueños y mis deseos son los que alimentan la escritura”.

A Leguizamo lo inspiran algunos de los grandes actores cómicos estadounidenses: Spalding Gray (por su contenido biográfico), Lily Tomlin (por introducir el formato de la obra teatral), Whoopi Goldberg (porque introdujo la poesía y el gueto), Eric Bogosian (porque trajo el rocanrol). Pero Leguizamo llevó su propia identidad latina al escenario, empezando por su estilo humorístico narrativo.

“Los colombianos son grandes narradores de cuentos”, explica. “Mis tíos, mis tías, mis primos, todos siempre contaban historias largas y cómicas. De ahí viene mi pasión por contar historias”.

Sin embargo, agrega, “yo no crecí identificándome como colombiano, me identificaba como latino. Era el único latino en mi clase de actuación. Empecé a hacer esto porque tenía estos amigos chistosos, esta familia chistosa, y no la veía ni en cine, ni en televisión ni en ninguna parte. Esa división en mi realidad, en los medios, en los libros, me hizo darme cuenta que había un espacio, un hambre para que los latinos se vieran representados”.

Una vez termine la temporada de Latin History en Broadway, Leguizamo llevará su obra a distintas ciudades de Estados Unidos y grabará un especial de televisión. Paralelamente, será parte del elenco de la nueva serie televisiva Waco, por Paramount TV, y la película Nancy, a estrenarse en el segundo semestre de 2018. Y en febrero, se publica Freak, el comic basado en su vida como un adolescente latino en Queens cuyo súper poder es “no pertenecer a ningún lado”.

MEDITANDO AL SON

Leguizamo termina su almuerzo, y se levanta. El reloj marca dos de la tarde y debe prepararse para su espectáculo esta noche –como todas las noches– que empieza a las siete en punto. Tiene una rutina fija: Llega temprano, revisa el libreto y relee capítulos de Las Venas Abiertas de América Latina, el controversial libro sobre la conquista y explotación de América, del escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Luego medita al son de nocturnos de Chopin, visualiza y, faltando una hora, empieza a vocalizar, esta vez al son de Joe Arroyo, Héctor Lavoe, Method Man y James Brown, “para animarme y sentirme cómodo”, me dice.

Es la música de su niñez y de su presente, una mezcla de idiomas, de estilos, de culturas que definen a Leguizamo y que ahora intenta compartir con sus hijos.

“Creo que las personas llevan su etnicidad y su raza más en su alma que en su apariencia”, dice de Allegra y Lucas, cuya madre no es latina. “Yo quería que mis hijos se sintieran conectados y orgullosos de ser ‘Latinx’ […] y los he criado con conocimiento de la historia y cultura latina. Quiero que sean políticamente activos y que sepan que la injusticia y la desigualdad no deben ser toleradas”.

Con eso, John Leguizamo parte hacia el escenario, para seguir arreglando las injusticias del mundo, un chiste a la vez.

latinhistorybroadway.com

 

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